lunes, 22 de junio de 2015

Leer para otros y escribir microrrelatos

El último hombre de la Tierra: capítulo 5 (y último, por ahora...)



El último hombre de la Tierra y su nueva acompañante encienden una hoguera para calentar la comida y caldear el ambiente.
Los dos están inmersos en sus pensamientos, los dos tienen la mirada perdida en la danza de las llamas.
Jack, mirando fijamente el fuego, rompe el tenso e incómodo silencio que reina en la habitación.

   -  Alice.
   -  Dime.
   -  ¿Dije algo entre sueños, cuándo estaba inconsciente? - musita él levantando la mirada, con el semblante serio.
   -  Sí. Empezabas a gritar “¡Despierta, despierta!”. Y continuabas diciendo, en un susurro “Melanie, aguanta. Ya voy.”, y volvías a gritar “¡Jack, levántate y haz algo de provecho!” - le mira fijamente a los ojos y musita:
   -  En esos momentos, empezaba a recorrerte la frente, un sudor frío terrorífico. Te subía la fiebre hasta las nubes. Me tenías preocupada, Jack. Muy preocupada, Jack. Muy preocupada.

El silencio invade nuevamente la habitación. Esta vez, se encarga Melanie de echarlo.

   - ¿Por qué querías saberlo?
   -  Te vas a reír de mí cuando te lo diga . - y después de una honda inspiración, le responde- Cuando me desperté, tenía la garganta más seca que esta cueva.

Y con esa simple frase, una pequeña hipérbole, se asomó tímidamente en el rostro de Alice, una sonrisa. Y fruto de esa pequeña sonrisa, él también sonrió, a medias. Él se acerca tímidamente a ella, y cuando va a dejar su mano reposando en la de ella... Da un fuerte grito y la aparta, al mismo tiempo que le da un pisotón a una serpiente venenosa. Se había acercado sigilosamente, y ninguno de los dos se había percatado de su presencia. El cuerpo amarillo y negro del reptil, cubierto de veneno, está espachurrado en el suelo, sin vida.

   -   Pero ¿qué demonios...?
   -   Estaba a punto de morderte. Llega a hacerlo... Y no sobrevives para contarlo. - explica él, seco, mirándola.
   - ¿Ahora eres experto en reptiles? - le pregunta Alice, irónica y pícara a partes iguales.
   -  Experiencia. - responde con una expresión que lo delata – No sería la primera vez... que veo morir a alguien por culpa, de ese bichejo. - dice él, tragando saliva, cerrando los puños, apartando la vista.
   -  Lo siento. - murmura Alice, mostrándose algo avergonzada. Él joven se sorprende ante tal reacción. - No tenía ni idea...
   -  No te preocupes. No podías saberlo. - contesta él, algo arrepentido, restándole importancia al asunto.
   -  ¿Quieres hablar del tema?
   -  No. No, gracias. Suficientes emociones por un día. Quizá en otro momento.
   -   De acuerdo. Cuando quieras, no pensaba irme en un corto plazo de tiempo. - responde ella, provocándole a Jack una carcajada.
   -  Oye, ¿tienes por ahí algo con que llenar el estómago? Tengo hambre.
   -   Sí, en el bolso hay comida. - contesta ella, lanzándoselo.
   -  Mmm, una manzana. - exclamó él, rebuscando en el bolso.
   - Si no te importa, me voy a acostar ya.
   -  Estupendo. - le dice Jack, con el jugo de la manzana chorreándole por la barbilla.

Alice se tumba en el suelo, a una distancia prudencial del fuego, usando la mochila medio abierta como almohada, de la que sobresale un rifle.
Jack se apoya en una roca, con una rodilla estirada y otra doblada, mordiendo feliz, su manzana.

   - Buenas noches, Jack.
   - Buenas noches, Alice.

El silencio se asienta de nuevo en la cueva, interrumpido intermitentemente por los bocados de Jack y la respiración acompasada de Alice. El último hombre de la Tierra se pierde en sus pensamientos.


DEJAMOS AQUÍ LA HISTORIA DE JACK, PERO LA RETOMAREMOS EN SEPTIEMBRE. 

GRACIAS A TODOS LOS QUE HABÉIS CONTINUADO LA HISTORIA Y, SOBRE TODO, A ALBA BONILLO, QUE NOS HA DEJADO INTRIGADOS CON CADA CAPÍTULO.

A LA VUELTA DEL VERANO, LA SIGUIENTE TEMPORADA. 
PODÉIS IR OPINANDO YA SOBRE LO QUE CREÉIS QUE PASARÁ...



...

Quijote_2015

El poema de la semana

Del 22 al 26 de junio

LA VIDA SENCILLA

Llamar al pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida,
bailar el baile sin perder el paso,
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes -papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento-
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos...
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

OCTAVIO PAZ

Textos finales (II): "Los tres deseos".



Suelen decir que hay que tener cuidado con lo que deseas, pues puede volverse en tu contra o no resultar como esperabas...

Después de cenar, Marisa se fue directa a su cama. En vísperas de su cumpleaños solo pensaba en sus deseos, ya que en su pueblo tenían una costumbre milenaria de conceder un deseo el día del decimoctavo cumpleaños de cualquier persona que hubiese nacido y permaneciera viviendo allí, después de este, tenían el resto de su vida para decidir qué otros dos deseos querían pedir. Una vez pensado, acudirían al ayuntamiento del pueblo, donde les harían realidad cualquier anhelo, siempre que fuese posible. 

Solo se le ocurrían cosas absurdas: un coche, dinero, un enorme armario repleto de ropa... de pronto comenzó a pensar en su futuro y creyó tenerlo claro.

Toda su familia y sus mejores amigos estaban en su casa en un día tan importante, dieciocho años solo se cumplen una vez y no siempre tienes la oportunidad de conseguir lo que más deseas.

- ¡Ya ha llegado el alcalde, baja rápido, tienes que pedir tu primer deseo!
Las palabras de su madre no hacían más que aumentar sus nervios, no estaba preparada.

- Y bien, ¿cuál es tu deseo? - Se interesó, o al menos fingió hacerlo, el alcalde.
- Deseo... - su cara expresaba las dudas que su cuerpo sentía - deseo dedicarme a lo que me gusta sin ninguna dificultad.

Después de consultarlo en el ayuntamiento y, tras varios días de papeleo, Marisa consiguió su primer deseo. Sin haber tenido que recurrir a una carrera universitaria, ya era profesora de lengua en un instituto cercano a su casa.

El primer día pudo comprobar que en realidad no era tan tímida como pensaba. Se había presentado a los profesores y a sus alumnos, algunos incluso eran mayores que ella, pero todos estaban encantados de tenerla tanto de compañera, como de profesora.

Los años pasaban, ya tenía más práctica explicando y se iba notando que, cada vez, los alumnos la querían más y la entendían mejor.

Un día dio su opinión sobre un tema que los chicos de su clase estaban comentando. Nadie pareció estar de acuerdo con sus palabras, más bien al contrario y, en cuanto tuvieron oportunidad, lo comentaron en sus casas. Todas las familias se mostraban ofendidas ante el inoportuno comentario de la profesora y muchos de ellos acudieron enfadados a quejarse al director del centro. 

Marisa pasó un largo rato en el despacho del director. Este  le expresaba la indignación de los padres, pues opinaban que ningún profesor podía dar ese ejemplo a unos jóvenes que aún no sabían actuar sin consultar a sus padres anteriormente.

- He estado pensándolo mucho, creo que lo que dijiste no fue con la intención de que se formase el escándalo que se ha formado, pero ha pasado así y me he visto obligado a tomar medidas, así que creo que lo mejor será que te vayas, no son pocos los que han venido quejándose y amenazando con trasladar a su hijo a otro instituto debido a lo que inculcan los profesores de este.

- Entiendo, don Miguel, evidentemente no pretendía ofender a nadie, pero no controlé mis palabras. Coincido en que será mejor que me vaya, puesto que tampoco quiero manchar la imagen de este centro y de su profesorado;  siento las quejas y haber causado esto.

Marisa llegó a casa destrozada, había fastidiado su primer deseo y no podía hacer nada para arreglarlo, o tal vez sí.

Varios días después, seguía enfadada porque no lograba entender por qué la gente no podía expresarse sin que los demás se sintieran ofendidos; así que, después de mucho meditarlo, se convenció a sí misma y acudió al ayuntamiento.

En principio, no sabía si su deseo podría ser concedido, ya que era difícil de cumplir, pero igualmente rellenó los papeles con sus datos y escribió en el último de ellos ˝DESEO TENER TOTAL LIBERTAD DE EXPRESIÓN˝. 

Tuvo que esperar varios días para recibir una respuesta, pero la obtuvo. Siempre la obtenían, ya fuese rechazando el deseo o comunicando que sería concedido, y a ella se lo volvieron a conceder. Podía expresarse como quisiera, ya que todos iban a estar de acuerdo y, si no lo estaban, no podrían protestar porque sus quejas serían denegadas.

Cuando ya se encontraba mejor y había salido del estado de depresión en el que estaba, regresó a su anterior trabajo y, con varios argumentos, defendió su opinión sobre por qué debían volver a contratarla. Ya que ahora tenía total libertad de expresión y nadie podía argumentar en su contra volvió a su vida de profesora.

Sus alumnos no le guardaban rencor, le seguían teniendo cariño y la recibieron con mucho amor. Pronto se volvió a adaptar a la rutina y a tener que lidiar con adolescentes todos los días.

Cierto día, los de su tutoría le comentaron que estaban decepcionados con el viaje de estudios que organizaban ese año. Todos coincidían en que el precio era bastante elevado y eso suponía un gran impedimento; además, no les iban a proporcionar papeletas ni cualquier otro tipo de venta para recaudar dinero, así que muchos se quedarían en el pueblo.

Como tutora y sobre todo como antigua alumna, le molestó bastante la idea de que no pudiesen disfrutar de un viaje por falta de dinero y, como ya había conseguido dos de las cosas que mucha gente desea, quiso gastar su último deseo en los demás y así lo hizo. Siguió los pasos de la otra vez, pero ahora en el último folio podía leerse ˝DESEO PODER AYUDAR A QUIEN ME NECESITE˝.

La mujer estaba ansiosa por saber qué responderían los del ayuntamiento y una semana después llegó su respuesta:

˝Estimada señora Marisa, lamentamos no poder cumplir su último deseo, pero nos gustaría informarle que podemos concedérselo con una condición: únicamente podrá ayudar a quien la necesite si lo que les hace falta es dinero, pero tampoco tendrá dinero infinito; dispondrá de un millón de euros anuales solo para ayudar a otros. 
Si está de acuerdo con nuestra propuesta, acuda al lugar de los deseos y en dos días podrá ayudar a quien quiera.˝

Marisa pensó que había gato encerrado. Normalmente la carta avisaba de si eran rechazadas o aceptadas las peticiones, nunca modificadas, pero siguió las indicaciones y no le quedaron más deseos.

Pronto se convirtió en la profesora preferida de todo el alumnado, gracias a ella gozaron de un viaje de estudios inolvidable.

Siempre que podía y que consideraba que valía la pena, Marisa ayudaba económicamente a quien le hiciera falta, pero poco a poco le iba haciendo más falta a ella, y eso no podía solucionarlo, ya que el dinero que le proporcionaban era solo para ayudar a los demás, no para ayudarse a ella misma. Sentía que cuanto más le daba a los demás, menos recibía ella y más cosas le faltaban y pronto descubrió por qué habían decidido condicionar su deseo. Realmente ayudaba a la gente, pero cada vez que extraía dinero del banco, le embargaban algunas de sus pertenencias por el valor que había solicitado.

Comenzó a quedarse sin nada, cada vez su casa era más espaciosa y, debido a la irregularidad con la que recibía su sueldo, tampoco podía hacer nada para evitarlo. En cuestión de días volvió a caer en una profunda depresión que hizo que dejara de ir al trabajo y, aprovechando la situación, volvieron a despedirla.

Nadie de su familia podía ayudarla, ni con un techo, ni con alimento, pues apenas podían subsistir ellos. Todas las personas a las que había ayudado hacían ahora como si jamás en su vida la hubiesen visto, ya que no querían estar con personas en su situación. Iba sobreviviendo con lo que conseguía de la calle, pero no fue suficiente. Cuando ya lo había perdido todo, intentó trasladarse a otro pueblo para comprobar si allí podría vivir mejor, pero a medida que iba arrepintiéndose de los deseos que había pedido, se dio cuenta que lo único que deseaba ahora era ser feliz y gastó su último aliento en susurrarle al mundo que no hay mayor deseo que la felicidad.

Iara Ailén Ialea Piñero 4º D

Textos finales (I): "Carta de despedida".

 Hoy es quince de noviembre de 2057, me llamo Abril y esta es mi carta de despedida. Sí, no habéis leído mal, de despedida. Soy nacionalmente famosa, y cada día más gente se ofrece para ser mi amigo. ¿Quién no querría una vida así de perfecta? Pues bien, no es tan perfecta como parece, y yo sé a conciencia, que ya no la quiero.
Para que podáis entender el por qué tengo que contaros varias historias de un diario que he estado llevando desde los ocho años.




17 y 16 de agosto de 2015, dieciséis años.

El tren de las doce estaba cada vez más cerca, pero aún no me alcanzaban los faros delanteros para que el conductor pudiera notar que yo estaba allí.
Mis manos tiraban de todas las formas posibles del cordón de mi Converse negra favorita, que había quedado enganchada bajo las vías. No conseguía sacarlo, y tampoco podía mover el pie dentro de la zapatilla. De tanto tirar del cordón y del número de más que tenía desde que las compré, sacar el pie de ella era prácticamente imposible.
Esto es ridículo, mi lugar favorito va a convertirse en el de mi muerte. Totalmente ridículo.
Miro hacia delante, donde está mi cartera y todo lo que había dentro esparcido por el suelo, la acabo de lanzar al ver aparecer el tren. Mis lápices, bocetos, qué inútil es todo eso ahora...
Sé que no queda tiempo, soy consciente de ello cuando la luz del tren empieza a deslumbrarme, el conductor no parece darse cuenta de que estoy ahí, y el cordón aún sigue atascado.
El tren está a quince metros de mí, doce...Los nervios me dominan y las manos no me responden como deberían, ocho, en un último intento me tumbo en las vías.
Estoy muerta de miedo, y me doy cuenta de que puede que en unos segundos esté muerta realmente. Cierro los ojos, veo pasar mi vida ante mis ojos como si estuviera en una de esas famosas escenas de película, veo las miles de cosas que me hubiera gustado hacer, a la gente con la que no voy a poder estar más, veo a mi hermano, a mi padre y, por último, a mi madre, dios mío, realmente no quiero acabar así, no, no quiero morir.
Noto el temblor que produce el tren al pasar por ahí, lo siento en los huesos, el fuerte sonido de las ruedas es ensordecedor, noto cómo todo me da vueltas, y aprieto aún más los ojos.
Desorientada, me froto los ojos, es de día y no sé donde estoy, miro a mi alrededor e intento salir de las vías de un salto, pero vuelvo a caer en ellas. Veo que el cordón de mi zapatilla está enganchado y recuerdo el motivo por el que estaba allí. Una ráfaga de miedo me recorre de pies a cabeza y me vuelvo a poner nerviosa.
No viene ningún tren, tengo que tranquilizarme. Respira, uno... dos... tres. Lentamente me agacho y poco a poco paso el trozo de cordón que puedo para poder abrir algo más la zapatilla. No es mucho, pero consigo sacar el pie a duras penas. Más tranquila cojo el cordón justo donde se ha quedado atascado, levanto un poco el tablón bajo el que está y tiro. El cordón sale sin esfuerzo, ¿por qué no fue así anoche?
Recojo mis cosas y emprendo mi camino a casa, sé lo que me espera, un castigo, mis padres no saben dónde he pasado la noche y tampoco han tenido noticias mías. Es lógico, estarán preocupados y se enfadaran, yo también lo estaría. Aún no sé cómo les voy a explicar esto...
Tengo una sensación extraña, recuerdo que estaba convencida de que iba a morir, era casi imposible que sobreviviera a algo así y sin embargo... aquí estoy. Pero hay algo dentro de mí que no deja de decirme que no he salido viva porque sí, que no ha sido casualidad. Intento recordar mis últimos movimientos y pensamientos: recuerdo apretar los dientes, los párpados..., y recuerdo pensar con todas mis fuerzas que no quería morir. ¿Es posible que se haya cumplido mi deseo? No puede ser cierto, pero no sé por qué no lo veo tan absurdo.
Sin darme cuenta he llegado a la puerta de casa, oigo voces dentro. No puedo retrasar esto más, respiro profundamente y llamo a la puerta...




15 de agosto de 2017, dieciocho años


Hoy hacen dos años del incidente que casi acaba conmigo y a día de hoy aún sigo teniendo la sensación de que mi destino era morir en aquellas vías de tren y que conseguí cambiarlo. Pero tengo que reconocer que pese a haber pasado todo este tiempo, sigo sin tener una explicación racional de lo que creo.
Durante estos dos años, he hecho todo lo que he podido por saberlo, he hecho paracaidismo, salto base, escalada sin cuerdas y hasta he buceado en cavernas. Mis padres han de pensar que soy adicta a la adrenalina, o que simplemente estoy loca. Lo más seguro es que sea lo segundo, porque no me gusta ninguno de los riesgos a los que me he expuesto este año. Y lo peor, es que sigo sin tener la respuesta. Porque nunca sabía si volvía a ser mi suerte o realmente había conseguido burlar a la muerte.
Apostaría un brazo a que sí, lo siento, sentía que había cambiado algo en mí desde esa noche, pero cómo probarlo...
Hoy me dicen si he conseguido entrar a la Universidad de Bellas Artes de aquí, y ojalá sea así. Lo que más deseo es poder dedicarme a esto, pero me estoy adelantando a los acontecimientos, lo primero es entrar.
Dentro de dos horas publicarán la lista en la página web, en mi móvil lleva abierta desde que pedí plaza, no he cerrado la pestaña desde entonces, esperando por si subían algo de información.
Desde pequeña he tenido claro lo que quiero hacer, no he tenido la crisis del 'qué voy a estudiar' como la mayoría de los adolescentes, pero si pienso en qué haría si no lograra poder estudiar esto, me encuentro tan perdida como un barco sin timón.
Vuelvo a acordarme de aquella noche, ¿y si volviera a ocurrir? ¿Y si vuelvo a desearlo con todas mis fuerzas y ocurre? ¿Y si soy capaz de hacerlo? Sólo necesito esto. Sólo una vez más.
Ya sólo queda un cuarto de hora para la publicación, y empiezo a hacer justo lo mismo que hice en la vez anterior. Vuelvo a estar nerviosa, pero no es la misma clase de nervios que la primera vez, aquella fue la última vez que temí de verdad a la muerte. Me tumbo en el sofá, pero no intento tranquilizarme. Si lo hiciera ya no sería como la primera vez y podía no cumplirse mi deseo.
Aprieto los ojos, los dientes y durante todo el tiempo mantengo el pensamiento en mi mente. No pido entrar a la universidad, pido algo a mayor escala: lograr dedicarme a lo que me gusta el resto de mi vida.
Esta vez no hay sonido ni temblor, pero vuelvo a desmayarme.
Despierto, miro el reloj y son las nueve y media. Las listas llevan publicadas cuatro horas y media. Me acerco al ordenador, me meto en la página y busco mi nombre en la lista que aparece en la pantalla de inicio.
Pérez Martínez, Pedro, no, no soy yo. Luna González, Sara, Jiménez Domingo, Guillermo, empiezo a leer los nombres más deprisa. Tras unos cuántos ahí está, GutiérrezMartín, Abril. Sí, estoy dentro. Estoy dentro. Me cuesta creerlo pese a todo lo anterior. Tengo que salir a celebrarlo.
23 de julio de 2045, treinta y seis años


Nada de lo que tenía pensado para mi vida ha salido como esperaba, hago lo que más me gusta hacer, y tengo a quién lo valore. Tengo a gente que me apoya, pero tampoco sé si lo hacen por interés.
Soy una de las pintoras más famosas de mi país, y siendo un oficio que no haría que la gente te siga por la calle, en mi caso no es así.
Cuando empecé a tener fama, pensé que esta seria efímera, y que a mí me gustaría y que incluso buscaría tener más. Pero no, He dejado de hacer exposiciones, he dejado hasta de pintar con la frecuencia que lo hacía antes. Cada día me llegan ofertas nuevas de trabajo, entrevistas,..., de todo. En mi perfil hay doscientos comentarios diarios pidiéndome que si les puedo hacer un retrato especial, aunque sólo sea a ellos.
Ya no salgo con apenas gente, tengo algunos amigos de la infancia, pero todo ha cambiado. No les gusta ir a tomar algo y salir en portada al día siguiente. Es normal, a mí tampoco me gusta. Es un verdadero infierno.
Ojalá no hubiera pedido ese deseo, ojalá nunca hubiera tenido aquella experiencia con el tren.
No quiero seguir así.
Y volvemos a la actualidad; esta es la última entrada del diario, no he vuelto a escribir desde ese día, hasta hoy. Y aunque supongo que imagináis más o menos los motivos que me llevan a decir que esta es mi carta de despedida, pensaréis que no son razones de peso para llevar a cabo lo que haría que esta cumpliera su objetivo.
Dejadme que os cuente como empeoraron las cosas desde ahí. Mi vida fue en picado. Si ahí tenía amigos, ya no me queda ninguno, no sé cómo me las he apañado para alejarlos a todos. Bueno, sí que lo sé. Y es que nadie querría estar con alguien que desconfía de si su amistad es verdadera.
Me he mudado a las afueras de la ciudad, y aún sigo viendo gente a las puertas de mi casa y flashes que saltan en mitad de la noche. Que dejara de pintar y de comunicarme a través de los medios no hizo que mi fama bajara como una típica artista que pasa de moda y entra en el olvido. La gente quería saber el por qué, le parecía interesante y misterioso, y empezó a insistir cada vez más. Es estúpido no poder salir a por un cartón de leche sin que se convierta en una odisea.
En resumidas cuentas, estoy sola, escondida y sin ganas para poder hacer lo único que me llena. Puede que después de todo esto sigáis sin considerarlo motivos suficientes, pero para mí lo son.
Cuando esta carta esté terminada, se subirá a mi página web, que lleva inactiva desde hace años y será la última entrada de esta.
Antes de todo, no quiero que se interpreten mal mis palabras, agradezco a la gente toda la acogida y apoyo que me ofreció, aunque yo rechazara, desconfianzas e intereses a parte. Pero yo no soy persona para la fama.
En unos minutos haré lo mismo que hice en las dos veces anteriores, tumbarme, cerrar los ojos, y pedir mi último deseo. Pero esta vez es diferente, no estoy nerviosa, ni me voy triste. He cumplido la mayoría de las cosas que quería hacer en esta vida y que muchos envidiarían, aun que algunas se hayan vuelto contra mí. Y he aprovechado lo que pasé junto a la gente que he querido antes de que esta burbuja estallara.
Vuelvo a dar las gracias por todo lo que he tenido a lo largo de los años, y sólo tengo unas últimas palabras. Como dijo Oscar Wilde: 'Ten cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad.'
Marta Polo, 4º ESO D


lunes, 15 de junio de 2015

El poema de la semana

Del 15 al 19 de junio

Mira si seré torpe
que ni siquiera siento
la cicatriz.


Mira si seré pobre
que me basta tu sueño
para vivir.


Mira si seré joven
que todavía espero
algo de ti.


JAVIER  EGEA

viernes, 12 de junio de 2015

Final de la II edición del Concurso de Microrrelatos: ganadores y clasificados.





PRIMER CICLO:

GANADOR: Jorge Picado Cariño, 2º ESO E

     Tras su fallecimiento todo el mundo quiere rendirle un homenaje, aunque, sin duda, el mejor homenaje será continuar con el proyecto que él había comenzado.
     Fue un deportista excepcional. Todos sus seres queridos lloran. En ese momento tan triste, algunos de ellos recuerdan el más flagrante de sus aciertos, la decisión de abandonar su cómoda vida para ayudar con su dinero y con su trabajo a los niños africanos. Con siguió lo que se había propuesto, salvar de la guerra y dar una oportunidad de futuro a los niños más necesitados.
     Ahora lo más importante es continuar su gran obra.


CLASIFICADA: Lucía Medina Moreno, 2º ESO B

17 de enero de 1957
La profesora de Lengua entra a clase, se prepara para comenzar y pregunta... Queridos alumnos, quiero que recordéis aciertos de vuestra vida. Algunos de ellos recuerdan el más famoso de sus aciertos, pero otros, como Sara, ni se volvieron ¿Aciertos de mi vida? ¿Qué es eso? Se preguntaba Sara...


SEGUNDO CICLO Y BACHILLERATO

GANADORA: Inmaculada Flores García, 1º BACH B


EL SOÑADOR

Muchos fueron los que le hicieron daño, pero jamás respondió directamente. Cuando le herían el cuerpo, se alejaba lentamente; cuando le herían el alma, escribía en una libreta.

Han pasado años desde sus paseos por las calles de la abarrotada ciudad, escuchando la música que nosotros jamás escucharemos, creando la poesía que jamás leeremos.

Los que quedamos pensamos en ese misterio con gafas. Algunos recuerdan el más famoso de sus aciertos. Otros recordamos sus extrañas y para muchos ocultas teorías. Se fue sin explicar lo que había en las profundidades de su mente. El destino tenía otros planes para el Soñador.




CLASIFICADA: MARGARITA CASA RAMÍREZ, 3º ESO A 

Día 74



Estoy harto de esta guerra. Huele a barro, sangre, sudor, locura.



Aquí las únicas cuerdas son las que atan a nuestros hombres a la vida, aferrados con un único destello en su mirada antes de que una bala las desgarre.



Grito de dolor y angustia. Harto de mi ejército de mercenarios muertos de hambre y niños con ojos de adulto.



Algunos recuerdan el más famoso de sus aciertos, conquistar el sur afgano: la gente atemorizada deambulaba entre cadáveres y olor a muerte.Para mí, cada plaza conquistada esconde un terrible fracaso.






 Enhorabuena a todos.