lunes, 28 de noviembre de 2016

En noviembre "Soy un hombre tranquilo, nervioso, muy nervioso..."







     El punto de partida para la creación de los microrrelatos de este mes era el texto siguiente: "Soy un hombre tranquilo, nervioso, muy nervioso, pero no estoy loco, como dicen los médicos que me han reconocido". Pertenece a un relato de misterio de Pío Baroja, Médium.







El pasado jueves, 17 de noviembre, nos reunimos en la biblioteca para asistir a nuestra primera lectura en voz alta del curso 2016-2017. Contamos con las voces de Lucía Medina (4º ESO C), Lucía Palma (2º ESO C), Javier Rodríguez (2º ESO A), Pablo Ballesteros (2º ESO B) y la  profesora Yolanda Peña. Al piano estaba Lucía Ortigosa (1º ESO A) y a la flauta, Marta Bejarano (2º Bach C). El acto fue presentado por la alumna Celia Cruz (1º Bach B ).

También tuvimos la oportunidad de escuchar los textos ganadores de la edición de noviembre. A continuación los compartimos con vosotros.















1ª CATEGORÍA



FINALISTA: Paula Delgado Maldonado, 1º ESO C

Ser o estar

Había una vez un pueblo bonito y pequeño cuyos habitantes eran reconocidos por ser tranquilos y nerviosos. Allí vivía el señor Smith. Recién salido de salud mental se acercó a una muchacha y le dijo:

- Soy un hombre tranquilo, nervioso, muy nervioso, pero no estoy loco, como dicen los médicos que me han reconocido.
La muchacha se asustó. Smith se subió a un banco en la plaza y gritó:
- ¡Soy Smith, y os quiero decir que hay una diferencia entre ser y estar! ¡No somos tranquilos y nerviosos, a veces estamos tranquilos y otras, nerviosos!
Así demostró su excelente cordura.


GANADOR: Hugo Cortacero, 2º ESO

Manuel
Me propusieron aquel trabajo. No acostumbraba a hacer estas cosas, pero sin pensarlo mucho acepté la entrevista.
Llegué a la sala donde estaba Manuel. Su camisa de cuadros y su bigote me recordaron a mi abuelo. Me gustaron sus ojos verdes y sus manos arrugadas. Escuché: Soy un hombre tranquilo, nervioso, muy nervioso, pero no estoy loco, como dicen los médicos que me han reconocido. A veces mi mente se nubla, oigo voces, me llaman. Son ellos, los locos, no yo, los dejo estar. Son ellos, los locos, son ellos los locos, son ellos, no yo…















2ª CATEGORÍA

FINALISTA: Samuel Trujillo, 2º BACH B


La Piel de mi Conciencia  

Por más que froto siguen ahí, las manchas… ¡todo mi cuerpo está manchado! Limpiar la ropa fue sencillo; pensé que con mi piel sería igual… pero no, ¡las sigo viendo! El tiempo transcurre con la misma rapidez que las gotas de agua que bajan por mi cuerpo; una cascada carmesí brota de mi cabeza y va a parar al desagüe de la ducha… y no se van. Me impaciento, aunque soy un hombre tranquilo, nervioso, muy nervioso; pero no estoy loco como dicen los médicos que me han reconocido. No disfruté matándola, ella sufría ¡lo juro!Siguen ahí… ¡LAS MANCHAS!




GANADORA:  Paula Rodríguez, 1º BACH


¿Sólo un recuerdo?

- Soy un hombre tranquilo, nervioso, muy nervioso. ¡Pero no estoy loco, como dicen los médicos que me han reconocido!

El hombre gritó la frase de nuevo y se derrumbó en la arena temblando, mientras yo miraba en silencio.- Mire allí, - dijo, señalando donde rompían las olas en la orilla.- mi mujer juega con los niños.- Se giró hacia mí, con una media sonrisa pintada en el rostro, buscando apoyo. No pude mentir más:- Lo siento buen hombre, pero no los veo. Tampoco he visto a su padre y su hermano jugando, ni a su perro nadando hacia nosotros.El hombre suspiró, apesadumbrado.Los recuerdos no se ven, ¿cierto?- Dijo, y volvió a mirar al horizonte. Yo seguí su mirada, y vi a mi hija saltando en el agua mientras me llamaba en el mudo silencio. Cierto.- Respondí yo.- Muy cierto.









Esperamos que sigáis sorprendiéndonos con vuestras historias el próximo mes. 

Si queréis ver el vídeo completo del acto pinchad aquí.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Ven, que te dé un verso


Del  28 de noviembre al 2 de diciembre

Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.

Mi casa y mi corazón
(Sueño de libertad)

Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.

Que entren la noche y el día,
y la lluvia azul, la tarde,
el rojo pan de la aurora;
la luna, mi dulce amante.

Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrina el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.
Mi casa y mi corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.


Decidme cómo es un árbol


Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire.

Recítame un horizonte
sin cerradura y sin llave
como la choza de un pobre
decidme cómo es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman de enamorados
que tiemblan de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa?

22 años, ya olvido
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque,
digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,

no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.

MARCOS ANA


Que la tierra te sea leve, poeta eterno y hombre bueno.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Ven, que te dé un verso

                                                                                                            Del 21 al 25 de noviembre


Hombre que mira más allá de sus narices

Hoy me despierto tosco y solitario
no tengo a nadie para dar mis quejas             
nadie a quien echar mis culpas de quietud

sé que hoy me van a cerrar todas las puertas             
y que no llegará cierta carta que espero
que habrá malas noticias en los diarios             
que la que quiero no pensará en mí

y lo que es mucho peor             
que pensarán en mí los coroneles
que el mundo será un oscuro
paquete de angustias             
que muchos otros aquí o en cualquier parte
se sentirán también toscos y solos             
que el cielo se derrumbará
como un techo podrido
y hasta mi sombra             
se burlará de mis confianzas

menos mal
que me conozco             

menos mal que mañana
o a más tardar pasado
sé que despertaré alegre y solidario             
con mi culpita bien lavada y planchada
y no sólo se me abrirán las puertas             
sino también las ventanas y las vidas
y la carta que espero llegará             
y la leeré seis o siete veces
y las malas noticias de los diarios             
no alcanzarán a cubrir las buenas nuevas
y la que quiero
pensará en mí hasta conmoverse             
y lo que es muchísimo mejor
los coroneles me echarán al olvido             
y no sólo yo muchos otros también
se sentirán solidarios y alegres             
y a nadie le importará
que el cielo se derrumbe
y más de uno dirá que ya era hora             
y mi sombra empezará a mirarme con respeto

será buena
tan buena la jornada             
que desde ya
mi soledad se espanta.

MARIO BENEDETTI

domingo, 13 de noviembre de 2016

Ven, que te dé un verso

Del 14 al 18 de noviembre


     Hoy os traemos a esta sección un texto del poeta granadino Manuel Benítez Carrasco, en el que nuestro compañero Juanjo Lupión se ha basado para componer la Suite del perro cojo, una obra para soprano, barítono, coro y pequeña orquesta de cuerda, estrenada el pasado viernes en el Hospital Real, interpretada por el Coro Manuel de Falla de la Universidad de Granada y el Conservatorio Orfeo e Musicisti. 
¡Enhorabuena, compañero!



EL PERRO COJO

Con una pata colgando,
despojo de una pedrada,
pasó el perro por mi lado,
un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y estampa.
Nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basuras de plaza en plaza.

Cuando pequeños, qué finos
y ágiles son en la infancia,
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana,
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.
Cuando mayores, al tiempo
que ven que se fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas.

Qué tristes ojos que tienen,
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia,
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.

Yo le llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricias... o pedradas,
no en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.
Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.

Chasco los dedos; le digo:
"ven aquí, no te hago nada,
vamos, vamos, ven aquí".
Y adiós la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta;
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.

Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta.
"¿Qué piedra te dejó cojo?
Sí, sí, sí, malhaya".
El perro me entiende; sabe
que maldigo la pedrada,
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima.
"Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.

Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda,
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas,
yo por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas,
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada en el alma
y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: «aquí yace
un amigo de mi infancia».

Y en el cielo de los perros,
pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque
una muleta de plata.
Compañeros, si los hay,
amigos donde los haya,
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña.

...
Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma.
Y fueron muchas las hambres,
mucho peso en sus tres patas
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío,
como una piedra mojada,
un duro musgo de pelo,
con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquillo de escarcha.
Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de intercambios
con que curar viejas taras.
"Para ti... un rabo de oro;
para ti... un ojo de ámbar;
tú... tus orejas de nieve;
tú... tus colmillos de escarcha.
Y tú, —mi perro reía—,
tú... tu muleta de plata".
Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas... luceros...? No,
es mi perro cuando anda...
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata.

MANUEL BENÍTEZ CARRASCO


domingo, 6 de noviembre de 2016